¿A quién viste tú,
capaz de dormir en paz
desencantado?
¿Y qué vienes? ¿con
tus arrugas blancas? ¿A
planchar tus trajes?
¿Acaso puedes
tú: detener el tiempo,
curar heridas?
¿Porqué, traidora,
tu nombre ya no es luna
sino Candela?
El tiempo que me
queda, si tú te quedas,
yo no lo quiero.